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Reflexión sobre los problemas del Deportivo

El juego, los errores y las excusas

Escrito por Carlos Rosende

Domingo, 17 Septiembre 2017 00:05
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Betis-Deportivo (Foto: Kiko Hurtado).

Los problemas se repiten, las sensaciones no varían y los resultados no llegan. Con más de 360 minutos ligueros en la mochila, el Deportivo de Pepe Mel ha demostrado ser un equipo frágil, tendente a partirse en dos y excesivamente expuesto a los contragolpes del rival. Tampoco se siente poderoso cuando se acula cerca de su propia portería para proteger un resultado favorable y ni siquiera consigue atacar de manera equilibrada cuando dispone de oportunidades para desplegarse en campo rival. El principio y el final del juego ofensivo se basa en el talento individual de los hombres de ataque para resolver por pura inspiración situaciones generadas de manera circunstancial, sin el soporte táctico que sí exhiben otros -muchos- equipos de LaLiga. Contar con jugadores resolutivos en el último tercio del campo es una bendición y un motivo para la alegría, pero sin una adecuada organización por detrás los puntos no llegarán con regularidad. No en una liga como la española.

El mensaje no ha calado, o al menos todavía se resiste a hacerlo, pues los jugadores blanquiazules no consiguen plasmar sobre el terreno de juego la idea del cuerpo técnico. Mel ha insistido en que este Dépor está capacitado para llevar la iniciativa con balón y apretar arriba cuando lo pierde, pero no ha logrado ni lo uno ni lo otro con continuidad; sí en fases muy concretas de los partidos, como es lógico. Ya sea porque un gol a favor te activa anímicamente o porque el rival da un paso atrás sin razones aparentes para ello y termina por meterse a sí mismo en problemas. Además, resulta complejo encontrar un número apreciable de acciones ofensivas en las que el Deportivo haya conseguido hacer bascular de lado a lado a la defensa contraria. Simplemente, y es duro decirlo, el equipo tiene muchos problemas para trenzar combinaciones de más de cinco o seis pases en campo rival.

Por si esto fuera poco, el equipo carece de orden. Andone, Adrián, Bakkali y Cartabia inician el trabajo defensivo sin excesivo rigor ni parecen saber administrar cuándo y cómo pueden forzar la pérdida o el robo, y tanto el medio campo como la defensa se resisten a dar un paso hacia delante para acompañar al cuarteto más adelantado. Transcurridas cuatro jornadas, no se observa convencimiento en el comportamiento sin balón de los jugadores ni armonía en sus movimientos. El Deportivo en ocasiones trata de alterar la circulación del contrario cerca de la portería rival, es indudable, pero el aficionado percibe caos y desesperación en lugar de ideas claras y solidaridad en el funcionamiento coral sobre el césped.

Cuesta asumir que esta plantilla, con sus innegables carencias, se esté pautando a sí misma una pretemporada dentro de la propia campaña para sanar debilidades que deberían haber quedado atrás durante el verano. Porque lo natural en un conjunto con los recursos económicos de los que dispone el Deportivo es acabar de redondearla a finales del mes de agosto, no antes. No haber podido trabajar lo suficiente con Andone, Lucas o Adrián no exime de responsabilidad a quien dirige la nave, como tampoco exculpa al resto de estamentos del club -incluida la propia plantilla- que la labor de Mel no esté dando los frutos deseados. El fracaso de un entrenador siempre será el de la entidad en su conjunto, y al míster madrileño no le quedan más de dos balas en la recámara para ganar tiempo extra en el banquillo de Riazor.   

 

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El Desmarque